Viernes, 20 de febrero de 2009, cuatro y cuarto de la tarde.
Tras casi tres años de servicio ininterrumpido apagamos Ortega. Desaparece el siseo de sus 4 ventiladores y el zumbido de sus discos SCSI. Con el silencio el tiempo se para. Una parte de mi muere. Una avalancha de recuerdos me sepulta. Ortega ha estado ahí desde el principio: el primer Subversion, la base de datos MySQL, las carpetas compartidas Samba. Todo lo que Trabe ha hecho, todo lo que hemos sido, ha pasado por las tripas de esta máquina. Parece que ha pasado un siglo.
El vetusto IBM ZPro que compré en una tienda de segunda mano cuando esta empresa no era ni un sueño descansa ahora en el almacén. Las cosas cambian. Es inevitable.
El ruido del nuevo servidor vuelve a poner en marcha el tiempo. La vida sigue sin ortega.